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Preguntas frecuentes de padres y pacientes

La alergia alimentaria obedece a un sistema inmunitario muy activo que actúa en forma desproporcionada en alimentos que de por sí no son dañinos.
En los adultos sólo se registra alergia alimentaria en alrededor del 1%, por lo que se considera un problema característico de la primera y segunda infancia (2%).

La intolerancia alimentaria, por su parte, es una reacción adversa del organismo frente a las sustancias químicas que forman parte natural de los alimentos o a elementos químicos utilizados como aditivos (conservantes, colorantes artificiales, saborizantes). La magnitud de las reacciones depende de la carga de sustancia química consumida en cada ocasión y puede ser diferente en cada tipo de paciente afectado por este trastorno.

El mayor problema tanto de la alergia como de las intolerancias alimentarias es la eliminación habitual del alimento en la dieta cotidiana, muchos de los cuales son importantes para una nutrición adecuada. Por este motivo el gastroenterólogo suele derivar a esos pacientes a un nutricionista, con el objetivo de reemplazar los alimentos causantes de estos trastornos por otros inocuos pero de semejantes características nutricionales.

En general se trata de aditivos alimentarios, tales como salicilatos, aminas, glutamatos, o conservadores que contienen sulfuro. Por estas causas, muchos de los trastornos se resuelven recurriendo a alimentos no procesados.

En síntesis, es conveniente que consulte con su médico frente a las reacciones que experimenta ante el consumo de alimentos y, de tratarse de una alergia alimentaria siga sus consejos acerca de pautas alimentarias y tratamientos medicamentosos en los episodios agudos.

En términos generales, se trata de los que contienen proteínas en su composición química. En los niños se incluyen huevos, maní, leche, soja y trigo. En los adultos se identifican como alimentos más proclives a generar alergia alimentaria el pescado, los mariscos y los frutos secos.

Entre los síntomas más frecuentes, se pueden mencionar: edemas (hinchazón) ampollas, eccema, diarrea, vómitos. En ocasiones, las reacciones pueden ser aun más importantes.
Por este motivo es necesario, en primer lugar, realizar estudios diagnósticos para establecer si se trata de una genuina alergia, y cuáles son los alimentos que pueden provocarla. Con ese conocimiento es necesario leer el rotulado o etiquetado nutricional en productos elaborados, que pueden contener el ingrediente que causa la reacción.

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